¡Ya tenemos un olivo!
Un olivo es seguramente una de las plantas que más ganas teníamos de tener en el jardín. Por su estética, por lo que simboliza para mi, por sus frutos, por su longevidad y por su resistencia. Estuvimos dudando bastante acerca de dónde ponerlo. Básicamente, teníamos dos alternativas: en una gran maceta en la parte del jardín en la que tenemos sol (tarde o temprano hubiera necesitado un trasplante), o bien directamente en suelo en la parte que queda en sombra, auqnue tiene luz todo el día (y bastante más humedad). Nos decidimos por la segunda opción: confiamos en que el árbol aguantará bien esas condiciones. Y hemos comprobado que hay varios en el barrio plantados en el mismo suelo y con idéntica orientación y están sanos y enormes.
Nos ha llevado unas semanas localizar el tipo de olivo que queríamos (de aceitunas arbequinas y tamaño más bien pequeño). A última hora, estuvimos dudando, considerando la posibilidad de tener de entrada un olivo mucho más grande y añejo. Vimos un olivo arbequino realmente bonito en un centro de jardinería cercano, pero el coste era diez veces superior, y seguramente, hubiera resultado demasiado grande. Sobre todo por que nos sugerían no cavarle un hueco, sino directamente acomodarlo sobre el nivel del suelo aprovechando que tenía casi un metro de tierra en la maceta, sustituyendo ésta por rocalla para mantener el bloque unido. Claro, el conjunto se hubiera comido visualmente el resto del jardín. Por otro lado, queda el lado romántico de que, si todo va bien, ese olivo envejecerá con nosotros prácticamente habiendo pasado su vida a nuestro cargo (y seguramente, sobreviviéndonos).
Ciertamente, si el criterio hubiera sido tener muchas aceitunas o tener un olivo precioso por lo retorcido y viejo, la opción hubiera sido la otra. Pero nuestra idea es menos pragmática, quizás de mayor calado emocional...
Este ha sido el proceso:
La zona en la que el olivo quedará ubicado tenía esta pinta: básicamente una área de unos 3 por 8 metros de suelo arcilloso cubierto con corteza de pino.

Y este es el material inicial para una primera fase: el olivo protagonista, sacos de tierra, unas cuantas piezas de rocalla y bordura de madera, ya usada en la misma zona del jardín, para mantener cierta homogeneidad...

Una vez delimitado el espacio que rodeará la bordura, a cavar: en el centro quedará el olivo

La tierra desplazada nos servirá para afianzar la bordura y para crear una leve pendiente entre el filo superior de esa frontera de madera y el interior del círculo. El cepellón del olivo se rodeará de tierra para exteriores. Así quedo el conjunto:

Para completarlo, queríamos dos tipos de plantas: aromáticas por un lado para el curtido de las aceitunas (teniendo en cuenta las condiciones de esta parte del jardín buscamos una buena mata de romero y otra de tomillo: el el lado de sol tenemos más aromáticas), y varios tipos de brezo (calluna vulgaris y erica vagans).

Como las plantas adquiridas son más bien pequeñas, queríamos darles espacio y completar los huecos con rocalla... Por ahora, la cosa queda así:


Y parece que pronto tendremos la primera minicosecha...

Veremos si más adelante incluimos más aromáticas, o más brezo, o bien si pasado el invierno que se nos viene encima, las plantas existentes alcanzan mayor volumen y el conjunto puede permanecer tal cual.
Cibertomato pregunta:
- ¿Conoces alguna buena receta para preparar las aceitunas arbequinas? He visto algunas en la red (aquí una con referencias históricas, una con truquillo, una muy interesante en vídeo, ), pero si quieres compartir tus conocimientos te lo agradeceré.
- ¿Sabes por qué al cabo de pocos días, la mayor parte de las aceitunas se han arrugado un poco? Quizás sea por el hecho de pasar del riego constante del centro de jardinería a nuestro suelo. Como parece que va a llover unos días seguidos, me fijaré si tras las lluvias recuperan tersura...


lafullpicture dijo
Que maravilla! me encanta ver a que dedicas tu tiempo libre.Abrazos
16 Diciembre 2008 | 04:42 PM