Ya que las cosas dulces ayudan a pasar los tragos amargos, tras imprimir presupuestos y fotocopiar denuncias para los péritos que vendrán a evaluar los daños de incendio provocado por dos niñatos, he probado las primeras ciruelas. Estas no se quemaron, el árbol está en el otro extremo de casa...

El árbol está cargadito, las primeras ya las he recolectado, y la verdad es que están buenísimas...

Hace ya unas semanas que recogimos las cerezas. Maduran todas de golpe, prácticamente, así que dio para disfrutarlas en casa y repartir con la familia. Va prosperando el cerezo: hace tres años sólo producía hojas, el año pasado dejó alguna cerecilla y este año ya ha dado unos pocos kilos... a ver el año que viene...

Las peras están tardando más, y están demostrando los inconvenientes de intentar cultivar fueta con medios lo más ecológicos posible, nada de insecticidas, abono orgánico: las plagas se han cebado en el pobre peral, que ha perdido bastante peras dejándolas caer sin estar maduras (para mayor alegría de Tristán, que se las zampa estén como estén). Parece que las que quedan en el árbol siguen creciendo, les daremos unos días más...