A principios de julio explicaba cómo el incendio provocado de dos preciosos cipreses de la comunidad de vecinos acabó de paso con una esquina de mi jardín. Sigo a la espera de noticias acerca del juicio que deberia haber, pero por el camino, las gestiones con la aseguradora han dado sus resultados y la esquina está reparada. Ha sido bastante triste durante estos meses salir al jardín y encontrarse con los esqueletos carbonizados de lo que deberían seguir siendo dos árboles magníficos...
Con los vecinos, acordamos sustituir los cipreses por arbustos más bajos (y menos combustibles). La empresa de jardinería contratada quitó el prunus que se quemó y plantó otro parecido, con la copa más baja, que si florece quedará estupendo. Lo más difícil era evaluar el valor de la hiedra que quedó chamuscada, pues se extendía por unos dies o quince metros del vallado y no se comercializan hiedras así. El seguro aceptó sustituirla por varias hiedras pequeñas dispuestas a lo largo de la valla. Los jardineros se quedaron un poco cortos con el brezo, pero dejaré ese hueco sin cubrir por ahora. El motivo es que al volver de las vacaciones de agosto, me llevé la agradable sorpresa de que los restos quemados de la hiedra original rebrotaban con fuerza, llenando esa esquina de hojas nuevas de un verde brillante. Mi intención es dirigir sus nuevas rama hacia ese hueco, de manera que capten la luz de la mañana, más potente a ese lado de la valla.
Un poco de corteza de pino en el suelo, para dificultar la aparición de malas hierbas, y el agradecido rebrotar del prunus pequeño mimado con fertilizante y riegos más seguidos han hecho el resto.
Así estaba la esquina quemada:
Y así luce ahora:
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